Personajes. (56)

PERSONAJES: Sarmiza Bilcescu

15 May 2017
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SARMIZA BILCESCU.- (1867-1935) Primera mujer abogada de Europa dedicada enteramente a defender los derechos de las mujeres.
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Nació en Verdú, municipio de Cataluña, España. Se apodó a sí mismo el “Apóstol de los negros” o el “esclavo de los negros” por la defensa que emprendió a favor de los  derechos humanos de los negritudes esclavas que vivían en Cartagena de Indias (Colombia), ciudad en la que murió  el 9 de septiembre de 1654.

Claver comenzó en 1608 sus estudios de teología en la ciudad de Barcelona, pero en el  año 1610  recibió carta de respuesta positiva a su petición de trasladarse a América y abandonó los estudios para embarcarse   en el Galeón San Pedro rumbo a Cartagena, desde donde se abrió camino a Santa Fe, por el rió Magdalena.

En 1616 recibió la ordenación sacerdotal, terminó sus estudios de teología en suelo Hispanoamericano y en su condición de jesuita hizo parte de la catequización de los negros liderada por el padre Sandoval.

En el año 1622 añadió a sus votos, un cuarto voto, el de hacerse esclavo de los esclavos y, de su puño y letra escribió: “Petrus Claver, aethiopum Semper servus” que en letra castiza significa “Pedro Claver, esclavo de los negros para siempre”.

En defensa de las negritudes, consideradas por muchos -en esa época- bestias sin derechos, Claver bautizó a más de 300 mil negros y defendió por cerca de 40 años, sus derechos fundamentales.  

Independientemente de la imposición a la fe cristiana que lideraron los jesuitas -compartida o no por la historia- la realidad es que Pedro Claver luchó por los derechos humanos de la población negra traída en condiciones inhumanas desde el África hasta las Américas.    

En el Siglo XVII, las injusticias que se vivían en el puerto negrero de Cartagena de Indias, eran el reflejo de conflictos sociales muy graves. El Puerto de Cartagena era un puerto debilitado moralmente por la presencia de negreros, usureros, piratas e inquisidores. Algunos teólogos de la época llegaron a considerar a los negros, seres sin alma y, por lo tanto no merecedores de respeto y confianza.

Así las cosas, contra una mentalidad esclavista y explotadora, dio Pedro Claver una batalla a la luz de la justicia, siendo declarado en 1985 defensor de los derechos humanos.

Y, si tenemos en cuenta que el Puerto de Cartagena de Indias, era el lugar de entrada de todos los barcos de negreros, donde prevalecía el calor, los mosquitos y las enfermedades, sumados al desprecio que el blanco sentía por el negro, juzgaremos que la labor de Pedro Claver por el reconocimiento de los derechos, fue un valioso episodio de la historia que vale la pena resaltar y recordar, como bandera de la defensa de los derechos de los seres humanos.

 

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Nació el 16 de marzo de 1751 en el Estado de Virginia y murió el 28 de junio de 1836. Estudió latín, hebreo, griego antiguo, ciencias naturales, geografía, matemáticas, retórica y filosofía política en el Colegio de Nueva Jersey, hoy conocido como la Universidad de Princeton.  Más adelante estudió derecho por interés personal.
 
Los biógrafos lo identifican como un hombre deísta, esto es, un creyente desde una  concepción racional de Dios que le permitiría defender el argumento conforme al cual, la religión y la política debían estar separadas.
 
Su primer acercamiento a la vida política y militar lo tuvo después de terminar sus estudios y estuvo relacionado con el interés que le asistía en las relaciones que mantenía Inglaterra con sus colonias en América del Norte y la necesidad de obtener la independencia de su país, en materia de derechos. Durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, Madison en representación del Estado de Virginia sirvió en la legislatura y contó con la protección y la admiración del tercer Presidente norteamericano, Thomas Jefferson con quien escribió el “Virginia Statute for Religious Freedom” (El Estatuto de Virginia para la Libertad Religiosa) que fue aprobado en el año 1786.
 
Se dice que Jefferson suministró a Madison una prolija biblioteca de libros escritos en Francia sobre temas de Gobierno, cuyo estudio estaba orientado a fortalecer en Madison argumentos para influir en la proyección de la que sería la primera constitución de los Estados Unidos. El historiador norteamericano Douglass Adair afirmó a propósito de esta investigación  realizada por Madison que se trataba probablemente de la investigación académica más fructífera que ha sido realizada por un americano."[1]
 
Así las cosas, en su condición de legislador (primer periodo 1776-1779 y segundo periodo 1784-1786), desde la activa defensa de los derechos fundamentales, Madison promovió –en primera instancia- el derecho a la libertad religiosa en Virginia; pero más adelante, convencido de la necesidad de este respeto por la posición diferente en materia tan  sensible,  luchó por la inclusión del derecho a  la libertad de cultos,  en la Carta de Derechos de los Estados Unidos.  
 
En 1787 un James  Madison de tan solo 36 años, defendía en la Asamblea Nacional de los Estados Unidos en el Estado de Filadelfia, el plan de Virginia que se identificaría como un esquema básico de lo que sería la Constitución de los americanos y que le conferiría para la historia, el apodo de “Padre de la Constitución” título que, no obstante, rechazaría por considerar que era "un crédito al cual no tengo ningún derecho [...] La constitución no era, como la fabulada diosa de la sabiduría, la prole de un solo cerebro. Debe ser considerada trabajo de muchas mentes y manos."
 
En esa convención, el legislador William Percy afirmó "Cada persona reconoce su grandeza. En el manejo de cada pregunta grande, él tomó la iniciativa en la convención. [...] Siempre sobresale en ser la persona mejor informada en cada debate”. Y, fue tan impresionante la ilustración de Madison en sus numerosas intervenciones, que el historiador norteamericano Clinton Rossiter consignó para la historia: "combinación de aprendizaje, experiencia, propósito e imaginación que ni siquiera Adams o Jefferson pudieron igualar."[2]
 
No obstante, Madison también encontró contradictores a sus tesis y esto lo obligó a escribir con la colaboración de Alexander Hamilton y John Jay, 85 artículos que se publicaron bajo el nombre “The Federalist Papers” y que pretendían explicar cómo y de qué forma se implementaría la Constitución de los Estados Unidos. El historiador Clinton Rissitier afirmaría que este trabajo fue el “más importante que se ha escrito por cualquier persona en la historia pasada o futura de la ciencia política de los Estados Unidos”.
 
En el año de 1809 James Madison fue elegido cuarto Presidente de los Estados Unidos y terminó su mandato en 1817 para dedicarse a su hacienda de tabaco en el Condado de Orange (Virginia) que pese a ser una millonaria herencia de sus padres estaba quebrada al terminar su gestión por la mala administración que de ella hizo su hijastro[3]. Los historiadores dicen que Madison no logró recuperar su tranquilidad económica y que murió profundamente abatido por la vida que le tocó sobrellevar hasta la muerte, pese a ser un afortunado heredero y gran presidente de los Estados Unidos.
 
El historiador Drew R. McCoy[4] escribió: Durante los seis años finales de su vida, en medio de un mar de problemas personales [financieros] que amenazaban tragárselo... a veces su agitación mental terminaba en colapsos físicos. Para la mayor parte de un año entre 1831 y 1832 quedó encamado, si no silenciado [...] Literalmente enfermó de ansiedad, empezó a desesperarse de su habilidad de hacerse entender por sus conciudadanos."
 
PRONUNCIAMIENTOS DE JAMES MADISON FRENTE A LA GUERRA
 
 “De todos los enemigos a la libertad publica, la guerra es, tal vez, la que ha de ser la más temida, ya que de ella se desprende y desarrolla el germen de toda otra. La guerra es la madre de los ejércitos; de allí salen las deudas y los impuestos; y los ejércitos, las deudas y los impuestos se conocen por tener a los muchos bajo el control de los pocos. En la guerra, también, el poder discrecional del ejecutivo es extendido; su influencia en repartir oficinas, honores, y beneficios se multiplica; y todos los medios de seducir a las mentes, se añaden a aquellos que dominan la fuerza, del pueblo. El mismo aspecto maligno del republicanismo se traza por la desigualdad de fortunas, las oportunidades para el fraude, crecientes de un estado de guerra, y en la degeneración de modales y morales comprometidos por los dos. Ninguna nación puede preservar la libertad en continuo estado de guerra”.
 
 


[1] Douglass Adair (Mark E. Yellin, ed.), The Intellectual Origins of Jeffersonian Democracy: Republicanism, the Class Struggle, and the Virtuous FarmerLanham, MD: Lexington Books, 2000
[2] Rutland, James Madison: The Founding Father, p. 18
[3] James Madison no tuvo hijos, se casó el 15 de septiembre de 1794 a los 43 años con Dolley Payne Todd de 26 años que era viuda y tenía un hijo de su primer matrimonio.
[4] Drew R. McCoy, The Last of the Fathers: James Madison and the Republican Legacy (1989), p. 151
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Profesor de Derecho Procesal de universidades como la de Messina (1915), Módena (1918), Siena (1920) y Florencia (1924) de la que fue rector. Calamandrei fue abogado, jurista, periodista y político florentino cuyos ensayos “Demasiados abogados”, “La Universidad del Mañana” y “Elogio de los Jueces escrito por un abogado” continúan siendo objeto de lectura en el mundo entero.
 
Director del Instituto de Derecho Procesal Comparado de la universidad de Florencia; Director con Francesco Carnelutti de la revista “Derecho Procesal”;  de la publicación “El Foro Toscano”; del “Comentario Sistemático de la Constitución Italiana”. Con Carnelutti y Enrico Redenti, dos de los más importantes inspiradores del Código de Procedimiento Civil Italiano fundó en 1940 la revista “El Puente”.
 
Calamandrei se opuso a los totalitarismos, defendió la libertad y la democracia. Muy joven escribió su libro “Demasiados Abogados” en el que expresó su pesadumbre ante el ocaso y la decadencia intelectual y moral que percibía en los abogados italianos de su época. Años después escribió “Elogio de los jueces escrito por un abogado” (1999) reflejando mayor confianza en jueces y abogados.
 
“Mientras el proceso se concebía como un duelo entre los litigantes, en el cual el magistrado, a modo de árbitro en campo de deportes, se limitaba a anotar los puntos y a controlar que se observaran las re-glas del juego, parecía natural que la abogacía se redujera a un certamen de acrobacias y que el valor de los defensores se juzgara con criterio, como si dijéramos, deportivo. Una frase ingeniosa, que no hiciese avanzar un paso a  la verdad, pero que atacase en lo vivo cualquier defecto del defensor contrario, producía el entusiasmo del público, como hoy, en el estadio, el golpe maestro de un futbolista. Y cuando el abogado se levantaba para informar, dirigía-se al público con el mismo gesto del púgil que al subir al ring muestra la turgencia de los bíceps. Pero hoy, cuando todos saben que en cada proceso, aun en los civiles, se ventila, no un juego atlético, sino la más celosa y alta función del Estado, no se acude a las Salas de justicia para admirar escaramuzas. Los abogados no son ni artistas de circo ni conferenciantes de salón: la justicia es una cosa seria. Yo me pregunto —me decía confidencialmente un juez— si en el comportamiento extraño de ciertos abogados en la audiencia pública, no habrá la misteriosa intervención de algún médium”. Calamandrei en su libro “Elogio de los jueces escrito por un abogado”
 
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