REFLEXIÓN.- “La Bagatela” de Antonio Nariño. Año 1811. Destacado

26 Jul 2017
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REFLEXIÓN.- “La Bagatela” de Antonio Nariño. Año 1811. Imagen de: YouTube
 
“Si yo tuviera que escoger entre los legisladores, quizás preferirá entre todos a Pen. La envidia no ha podido imputarle crímenes, y ha hecho leyes con el único objeto de poner al globo bajo el imperio de la naturaleza. Este Platón del Nuevo Mundo (y creo honrar a Platón de la Grecia explicándome así) era hijo de un Almirante inglés que Cromwell había estimado, lo mismo que los dos Estuardos que subieron al trono de la Gran Bretaña después de este malvado feliz. Pen el marido había empeñado su fortuna para sostener las expediciones que se le habían encargado y no teniendo el Estado con qué pagarle durante su vida, propuso a su hijo, para indemnizarlo, la donación de un territorio inmenso en la América, a las orillas del río Delaware, situado a los 40 grados. El joven Pen aceptó la oferta de su Soberano, no para hacerse déspota, sino para cultivar aquellos desiertos, y hacerlos el asilo del género humano.
 
 
Pen que tenía una política propia, muy diferente de la de este código razonado de latrocinios que se llama Derecho de gentes, no creyó su soberanía legítima adquirida por donación del Gobierno Inglés. A su llegada, lo primero que hizo fue comprar de los indígenas el país que se proponía cultivar. Le dio su nombre, y un ejemplo a la Europa que admirará, pero que no tendrá valor de imitar.
 
 
La legislación de este grande hombre es la de la naturaleza. Los pensilvanios fieles a ella, no tienen que quejarse de sus rigores, su clima es templado habitan una tierra que se presta con facilidad a la cultura: su población, semejanza a la de ese Sichia que se llamaba la fábrica de la especie humana, se dobla cada quince años, según los cálculos del  Newton de la electricidad.
 
 
La Pensilvania tiene un medio de acrecentarse que no tienen los otros pueblos de los continentes: ella mira la guerra, como un crimen de la sociedad. Cuando se les propuso que se armasen para disputar a la Francia, los desiertos helados de la Acadia, se negaron diciendo “Los hombres son de un barro que se desmorona por sí mismo, sin que sea preciso que nosotros vamos a ayudar a destruirlos”.
 
 
Cuando en el penúltimo siglo de los Maquiavelos de las cortes de España y Portugal, esos hombres que no sabían conquistar sino degollando, vieron establecerse a la sombra de la paz y de las leyes, esta República de Filósofos, se sonrieron de lástima, y pronosticaron su pronta ruina. Felizmente sus profecías han salido falsas, y los Pensilvanios que cambian los desiertos en ciudades, han fundado en el nuevo mundo un imperio más estable, que los de los europeos que cambian las ciudades en desiertos”.
 
 
“Traducción de mi rasgo sobre Guillermo Pen”,  “La Bagatela” de Antonio Nariño. Año 1811. Imprenta Real de Santafé de Bogotá.
 
 
GUILLERMO PEN.- Almirante de Inglaterra bajo el reinado de Carlos II que a su llegada al norte del continente americano, consiguió grandes extensiones de tierra en Carolina, que acrecentó comprando más tierras a los indios. En estas tierras recibió a todo ciudadano de Inglaterra que le pidiera vivir en ellas. Su hijo, que heredó los territorios, hizo lo mismo del padre, de tal suerte que de 2.000 habitantes en el año 1618 pasó a tener 300 mil en 1748.
Modificado por última vez en Miércoles, 26 Julio 2017 07:38
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